10 de Diciembre de 2018

¿Tropas en la Frontera? Nada nuevo bajo el sol

Militar estadounidense apuntando con rifle. Crédito: imagen tomada de Internet Militar estadounidense apuntando con rifle. Crédito: imagen tomada de Internet

NORTEAMÉRICA.- Cuando el presidente Donald Trump decidió endurecer su política migratoria y mostrar su resolución con el envío de tropas a la frontera con México para enfrentar a una caravana de presuntos refugiados de Centroamérica, solo siguió una vieja receta.

Se trata, de hecho, casi de un ritual político que podría atribuirse a cualquier potencia, pero en este caso es muy estadounidense: cuando hay problemas político-electorales para el partido en el poder, una forma expedita y simple de enfrentarla es invocar una crisis que implique la movilización interna o externa del ejército, cuando no la expulsión de migrantes. No es un problema exclusivo de los EEUU, y es una combinación de nacionalismo, xenofobia y racismo presente en muchos países.

El secretario estadounidense de Defensa, general retirado James Mattis, comparó el movimiento al envío de tropas provocado por la incursión de los hombres de Francisco Villa contra Columbus (Nuevo México) el nueve de marzo de 1916.

Tal vez, si la actual movilización hubiera sido solo la respuesta a una incursión armada y no lo que parece: una medida adoptada en medio de un calendario político por la necesidad del partido en el poder de aprovechar cualquier situación para tratar de retenerlo.

Quizá la comparación correcta -aunque no la mejor- sería con la movilización de tropas que culminó con la matanza de Wounded Knee, en Dakota del sur en 1890: una medida adoptada más por política electoral que por el peligro representado por los “sublevados” indígenas, o como fue en su momento la expulsión de entre 400 mil y dos millones de personas de origen mexicano entre 1929 y 1940.

Así por ejemplo, que un 60 por ciento de los expulsados en ese caso -“repatriados” según la prensa estadounidense- eran estadounidenses por nacimiento poco importó. Como parece ignorarse ahora, cuando algunos aconsejan a Trump derogar la XIV Enmienda Constitucional, que indica que toda persona nacida en EEUU tiene derecho a la ciudadanía.

Hace casi un siglo, la idea fue presentada como la forma de evitar que “extranjeros” ocupasen empleos estadounidenses.

Si cualquiera de esas afirmaciones tiene semejanza con los argumentos esgrimidos por el gobierno del presidente Trump y algunos de sus partidarios “nativistas” no es coincidencia.

Los reportes de que la población migrante, legal e ilegal, está cerca de su the histórico del 15 por ciento del total son conocidos; igualmente, que parece haberse estabilizado.

MIGRACIÓN Y POLÍTICA

De acuerdo con el Migration Policy Institute (MPI), un importante centro de investigación sobre el fenómeno migratorio, hay unos 11.6 millones de residentes indocumentados en Estados Unidos y de ellos, tantos como un 53 por ciento son mexicanos.

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Pero contra la imagen de delincuencia que presentan la propaganda gubernamental y de grupos de derecha, un 61 por ciento lleva ahí más de diez años y alrededor del 20 por ciento más de dos décadas.

“Muchos migrantes no-autorizados tienen fuertes vínculos familiares en los Estados Unidos”, precisó un reciente reporte del MPI, que hizo notar que más de la mitad de los mayores de 15 años estaba casado y que unos 5.1 millones de estadounidenses menores de edad vivían en hogares con al menos un padre indocumentado.

Más aún, 4.1 millones de niños estadounidenses son hijos de padres indocumentados.

Y de hecho, el número de jóvenes estadounidenses, hijos de indocumentados deportados, llega ya a los 600 mil.

WOUNDED KNEE

El 13 de noviembre de 1890 se dio en Estados Unidos el mayor movimiento de tropas desde la Guerra Civil que terminó en 1865.

El partido republicano del presidente Benjamin Harrison, afectado por una imagen de corruptelas y alejamiento de los votantes, estaba temeroso de perder las elecciones de medio término de ese año y había incurrido ya en toda una serie de maniobras más o menos turbias para mantener su control del Congreso.

De acuerdo con la historiadora Heather Cox Richardson, de forma paralela a los tratos por debajo del agua para asegurar que el Colegio Electoral eligiera a Harrison en en 1888, aunque había perdido el voto popular, los republicanos buscaban fórmulas para mantener su control del Congreso.

Una de ellas fue la creación de seis nuevos estados en el oeste del país. Pero el proceso fue tan acelerado que se dudaba de que llenaran los requisitos de población y difícilmente cumplían con procesos legales.

Uno de ellos fue el de Dakota del Sur, donde parte del territorio había sido dedicado a una reserva para la tribu Lakota. Pero como en otros casos, los indígenas enfrentaban una serie de problemas y el movimiento de tropas provocó el pánico.

Grupos de lakotas, incluso uno encabezado por el famoso jefe Sitting Bull, huyeron de las reservaciones pero fueron perseguidos y cazados por las autoridades.

El último grupo fue rodeado, incluso con cañones de fuego rápido. Los indígenas se rindieron pero un forcejeo provocó un disparo y la orden del coronel James Forsythe de abrir fuego. Al final, 30 soldados y 270 lakotas, incluso mujeres, niños y un bebé de cuatro meses, habían muerto.

LA POLÍTICA, FACTOR O COINCIDENCIA 

Tanto como el castigo a Villa, el factor político que rodeó la respuesta a la incursión del revolucionario mexicano en Columbus era importante: 1916 era un año electoral y el demócrata Woodrow Wilson buscaba la reelección. La decisión de Villa, según los historiadores estadounidenses, acabó por ser más costosa para él que para sus adversarios pero la ofensa no podía pasar sin respuesta.

La expedición punitiva , constituida por unos diez mil hombres encabezados por e general John “Black Jack” Pershing, duró de marzo de 1916 a enero de 1917 y el retiro de tropas estadounidenses ocurrió en los 15 días posteriores a la toma de posesión de Wilson.

De igual manera, el factor político tuvo un impacto considerable en la respuesta del gobierno federal estadounidense a la situación de los lakotas en Carolina del Sur.

La que podría considerarse como una política deliberada de expulsión de mexicanos había comenzado mas o menos en 1921 pero formalizada en 1929, cuando el presidente Herbert Hoover necesitaba encontrar culpables para la “Gran Depresión” económica que se inició ese año y lo llevó a caer en 1933 ante el demócrata Franklin D. Roosevelt… que no terminó con esa política sino hasta 1940.

About the Author

José Carreño Figueras
Periodista. Corresponsal de El Universal y Notimex en Washington. Actualmente labora en El Heraldo de México.

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