22 de Marzo de 2019

Tres países con mínimo de confianza entre sí

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MEXICO.- El renegociado acuerdo comercial norteamericano, llamado Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá o Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, mantuvo vivo el concepto de regionalidad pero dejó una cauda de insatisfacciones y desconfianzas que eran inexistentes o habían comenzado a desaparecer.

Exaltado ahora por el presidente Donald Trump como “increíble” y “extraordinario”, el nuevo acuerdo encara un destino todavía incierto para su confirmación legislativa en los tres países, aunque especialmente en el Congreso de los Estados Unidos, derivado en gran medida del rejuego político doméstico.

Tanto para canadienses como para mexicanos, que debieron hacer concesiones potencialmente dolorosas respecto a la industria automotriz, lo esencial era mantener vivo el acuerdo comercial con la esperanza de que el impacto negativo en precios al consumidor y el cabildeo en Washington de las empresas afectadas lleve a cambios en el documento.

Desde el punto de vista de canadienses y mexicanos, algunos de los elementos ahora más cuestionables del acuerdo renegociado deberán ser reajustados a su vez par mantener el funcionamiento de las cadenas de producción, los sistemas y especializaciones creados a través de los años y que contribuyen a bajar los costos de los vehículos.

La apuesta puede parecer riesgosa, pero no es descabellada.

Pero el problema principal está constituido por intangibles. Confianza, amistad, y quizás apoyo quedaron en la mesa de negociaciones donde el gobierno del presidente Donald Trump puso a sus contrapartes contra la pared.

Y peor aún, en el proceso obtuvo una victoria pírrica: confirmó a aliados y socios comerciales más allá de Norteamérica que ya no podrían confiarse en los Estados Unidos para mantener el orden jurídico y comercial que impulsaron desde la Segunda Guerra Mundial.

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La consideración ha sido quizá más dura para los canadienses que para los mexicanos. Por décadas y tal vez más de un siglo, los canadienses han considerado tener una relación especial con sus vecinos del sur. La relación económica es la mayor entre dos naciones y gran parte de ella se realiza de manera directa entre provincias y estados, a veces más que entre las propias provincias canadienses.

La realidad es también que Canadá es el segundo país con el comercio internacional menos diversificado; casi 70 por ciento de sus exportaciones van a un solo mercado. La nación menos diversificada es México.

La geografía y la historia han ayudado. Por un lado, la mayor parte de los canadienses y sus fuentes de empleo se encuentran en una franja de tal vez 300 kilómetros a lo largo de los más de cinco mil kilómetros de frontera común.

“En Estados Unidos, la indignación política se ha convertido en un deporte nacional, pero los canadienses no lo hacen muy bien. Su ira se vuelve introspectiva. Ahora hay una creciente sensación de que hemos sido engañados para invertir en una relación que nunca fue tan fuerte como pensábamos que era”, escribió Laura Dawson, directora del Instituto de Canadá en el Wilson Center.

US President Donald Trump, flanked by Senator Jim Inhofe

 

 

 

 

 

 

 

Y mientras los canadienses reflexionan sobre sus vínculos con un país en el que creían, los mexicanos parecen haber despertado de un sueño en el que las relaciones con Estados Unidos eran excelentes y los dos países eran socios confiables del otro.

Trump hizo de México su chivo expiatorio favorito desde la campaña electoral y el tono de la negociación comercial bilateral no ayudó a mejorar la animadversión.

En cierta forma Duncan Wood, director del Instituto de México en el mismo Wilson Center, hizo notar la ambivalencia de una relación en la que hay una elevada cooperación, porque se comprende la importancia mutua, pero también un creciente antagonismo.

Dawson hizo una reflexión que es válida para los dos países: “es como si los canadienses vieran a los estadounidenses a través de un extremo de un telescopio (todo se ve de cerca y de gran tamaño), mientras que los estadounidenses miran a los canadienses (y a los mexicanos) a través del otro extremo de la lente: pequeños, distantes y sin importancia”. Solo agregué mexicano donde dice canadienses.

La idea de “hacer otra vez grandes a los Estados Unidos” ha sido dura para sus vecinos, pero ha servido como advertencia a otros y disminuido la credibilidad estadounidense.

El sentimiento se reflejó en una muy divulgada frase de Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo: “Europa debe estar agradecida [al] presidente Trump, porque gracias a él, nos hemos librado de las viejas ilusiones”. Nos ha hecho darnos cuenta de que si necesitas una mano amiga, la encontrarás al final de tu brazo”.

Y no es que Europa sea un socio mucho más recomendable, pero de Australia a Japón a México a Alemania el mundo busca alternativas al comercio con los EEUU.

About the Author

José Carreño Figueras
Periodista. Corresponsal de El Universal y Notimex en Washington. Actualmente labora en El Heraldo de México.

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