20 de Abril de 2019

La batalla perdida de EU contra sus déficits comerciales

Donald Trump con el secretario general Jens Stontelberg. Crédito: Cuenta oficial TWDonald Trump con el secretario general Jens Stontelberg. Crédito: Cuenta oficial TW

NORTEAMÉRICA.- Hablar de las relaciones exteriores de Estados Unidos es complejo, sobre todo en la actualidad.

Los cambios en la diplomacia estadunidense son claros bajo el mandato del presidente Trump quien cambió la naturaleza de su política económica internacional, especialmente hacia algunos países como China o los propios socios del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) hoy conocido como T-MEC, es decir, México y Canadá.

La motivación principal y de acuerdo a la óptica del propio Trump es disminuir el tremendo déficit comercial de eso país con el mundo que de acuerdo a datos del Census Bureau de Estados Unidos, para el año de 2018 las exportaciones estadunidenses fueron de 1,664,053.3 millones de dólares y las importaciones de 2,542,787.5 millones de dólares dando como resultado en la balanza comercial como un saldo de -878,702.5 millones de dólares. 

Este es el panorama general del comercio exterior de los Estados Unidos, el cual no cambia significativamente si analizamos con qué país es más profundo el déficit comercial que tanto ruido hace en la opinión pública de ese país y que ha ocasionado no solo una guerra comercial con China, sino que cambió los términos de intercambio del nuevo acuerdo comercial con Canadá y México próximo a ratificarse, esperemos, por los tres países que lo conforman.

Sin embargo, el cambio de la política comercial (arancelaria) no sólo está contemplando a estos países, hay sectores (fracciones arancelarias) que han sido sujeto de gravamen, tal es el caso del acero y el aluminio golpeado a países como Canadá, Corea del Sur, Japón y México con quien Estados Unidos había guardado una relación comercial estable.

Es probable y esto no es más que una suposición de mi parte, este gran déficit comercial que se había mantenido en los últimos años sea una perfecta escusa de cambiar las alianzas y términos de intercambio comercial para impulsar una nueva gobernanza global desde la perspectiva del comercio internacional en donde generar políticas restrictivas comerciales con los países con los cuales Estados Unidos mantiene déficits comerciales profundos, le permite  paralelamente establecer los lineamientos de una nueva política internacional.

La balanza comercial es desfavorable con casi todos sus principales socios comerciales, tal es el caso de China con un déficit de -419,162.0 millones de dólares; México -81,517.4 millones de dólares; Alemania con -68,250.3; Japón con -67,629.5 millones de dólares; Italia-31,569.0 millones de dólares India con -21,287.4 millones de dólares; Canadá con -19,753.5 millones de dólares…

La lista de países con los que Estados Unidos tiene déficit comercial es larguísima como para seguir enumerando a cada uno, sin embargo, con estos datos contamos con información que nos da la pauta para entender las motivaciones del cambio de una política liberal (libre comercio) a una de corte proteccionista (conservadora) misma que se adecua al cumplimiento de las promesas de campaña hechas por Trump y a la coyuntura política pre-electoral y electoral de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre del 2020 en ese país.

Paralelamente a estos datos y para darnos una idea más acabada de este fenómeno, se tendría que explicar la composición del comercio sectorial de Estados Unidos con uno de sus socios comerciales.

Es factible que en dicha composición se encuentre el comercio intra-firmas, es decir, las transacciones comerciales que realizan las empresas filiales estadounidenses en Estados Unidos, o bien, no se contemplen la fragmentación económica en los procesos productivos de las empresas globales de Estados Unidos que, en algún momento de la historia de ese país, apostó a la descentralización y reubicación de sus plantas de producción en aras de una mayor productividad (menor costo a través de las economías de escala).

Todo parece indicar que eso es cosa del pasado y nos enfrentamos a un nuevo modelo de organización de la producción global marcada por un espíritu nacionalista representado por la frase “Make America Great Again” (MAGA).

Esto, y los nuevos términos de intercambio tendrán sus efectos en el corto y mediano plazo. Al respecto, estoy seguro que lo que suceda en el contexto del nuevo T-MEC, donde las reglas de origen y los factores de la producción estarán condicionados a una nueva lógica en la producción, nos dará cuenta de ello.

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