20 de Abril de 2019

EU, ingobernable

Bill Schneider. Crédito: APBill Schneider. Crédito: AP

NORTEAMÉRICA.- De acuerdo con el politólogo Bill Schneider, Donald Trump es la mas reciente y quien sabe si la última manifestación de un choque político entre lo que se llama “los viejos Estados Unidos” y “los nuevos Estados Unidos”.


Es una lucha fiera, brutal. Es un conflicto político que es generacional, cultural, social, económico, entre dos visiones de aproximadamente el mismo tamaño y fuerza, pero con diferentes ventajas.


Schneider, tal vez uno de los mejores -si no el mejor- analistas contemporáneos de la política estadounidense y los factores que la influyen, consigna que la actual situación estadounidense “es la historia de dos movimientos políticos que surgieron por primera vez en la década de 1960”.


Uno, el conservador, sale de las elecciones presidenciales de 1964, cuando la candidatura del senador Barry Goldwater, uno de los baluartes del conservadurismo estadounidense, terminó con solo 38 por ciento del voto popular.


Ocho años después, en 1972, la candidatura del liberal demócrata George McGovern fue demolida con solo 38 pc del voto popular.


Desde entonces el centro está constituido en el fiel de la balanza entre dos extremos que parecen irreconciliables.


Según el autor del libro “Standoff: How America became Ungovernable” (Enfrentamiento/empate: como los Estados Unidos se han vuelto ingobernables) publicado por Simon&Schuster y sin traducción al español, no parece haber posibilidades de conciliación o colaboración entre las dos partes a menos que surja una crisis mayor, existencial, que amenace al país.

La nueva normalidad

De otra forma, “la nueva normalidad en los Estados Unidos: estancamiento y gobierno disfuncional”.


En ese marco, y a partir de la descripción de Schneider, lo mas viable es que el enfrentamiento de décadas simplemente continuará en un duelo de fuerza sin ganador posible.

De creer a los republicanos, los demócratas están empeñados en un esfuerzo por difamar y quitar legitimidad al presidente Donald Trump. La queja es correcta, aunque sería mas creíble si no fuera porque los republicanos, con Trump a la cabeza, dieron vuelo a un movimiento que cuestionaba la nacionalidad de Obama sobre bases religiosas y étnicas.


Los “viejos Estados Unidos” son o están muy cerca de a actual base de los republicanos: mayoritariamente blanca, masculina, conservadora, de edad madura, religiosa y no urbana.

Schneider define a los “nuevos” Estados Unidos como la coalición progresista de grupos cuya conciencia política se agitó en la década de los 1960s: afroamericanos, jóvenes, trabajadoras, homosexuales, inmigrantes, profesionales educados y no religiosos, unidos por lo que describe como “un compromiso con la diversidad y la inclusión”.


Muchos creen que esa coalición está destinada a ganar. Después de todo, las minorías raciales y sexuales, los inmigrantes y los mejor educados son cada vez mas una mayoría de la población y ese predominio se hace cada vez mas notable en las urnas.

Corto plazo y largo plazo

Pero el sistema de gobierno de los Estados Unidos fue creado según Schneider para prevenir un gobierno funcional y en ese sentido precisó que una visión demográfica es necesariamente de largo plazo, en tanto que la política es a corto tiempo.


Dicen los clásicos que toda acción provoca una reacción, y eso es particularmente cierto en los Estados Unidos, donde liberales y conservaodres, o los EU “nuevos” y “viejos” se han alternado en el poder los últimos 40 años.


Schneider considera que el ascenso de lo que define como los “nuevos” EU ha sido y es “gradual y vacilante, y que ha enfrentado la resistencia en cada paso del camino.

Acciones y reacciones

“Dos años después de la elección de Bill Clinton en 1992, los demócratas perdieron su mayoría en la Cámara de Representantes por primera vez en cuarenta años.

La resistencia surgió en el cierre del gobierno de 1995. Una violenta reacción antigubernamental se materializó en la resistencia a una orden de búsqueda y arresto de una secta religiosa en Waco, Texas, en 1993 y en el bombardeo de un edificio federal en la ciudad de Oklahoma en 1995.

La acusación de Clinton fue un intento de deslegitimar al primer presidente que abrazó los valores liberales de los años sesenta”.

La ennumeración de Schneider señala que el recuento de los votos de Florida en las elecciones presidenciales del 2000, entre el gobernador George W. Bush (republicano) y el vicepresidente Al Gore (demócrata) todavía es visto por muchos estadounidenses como un complot para robar la elección invirtiendo la voluntad de los votantes.


En 2009, el presidente Obama se enfrentó a una rebelión del Tea Party, los “partidos del té”, un movimiento de la derecha republicana que no solo energizò al partido sino acabó por apoderarse de él y auspiciar la llegada de Trump a la presidencia.


Ahora, dice, los demócratas enfrentan la agitación de su izquierda.
Schneider anota que el desafío más directo para los “nuevos” EEUU fue la elección de Trump en 2016, que implica un rechazo a la diversidad y la inclusión como “corrección política”.


Después de todo, es un presidente electo con mas de tres millones de votos en contra y sin calificaciones políticas.


En ese sentido, Schneider afirma por ejemplo que la elecciòn de Barak Obama fue una reacción de la “nueva” nación frente a las consideraciones y excesos de los “viejos” Estados Unidos bajo el gobierno de George W. Bush. Pero el resultado de la elección de 2016 fue una reacción al liberalismo étnico y político de los ocho años de Obama.


No es algo nuevo. Puede decirse que la reacción conservadora ha desafiado a la Nueva América durante más de cincuenta años y de hecho mantiene aún mecanismos importantes de poder.


Schneider recuerda que no es el momento mas divisivo en la historia de los Estados Unidos. Después de todo, hubo una Guerra Civil en 1861-65.


Pero el hecho es que la división existe y que el actual rejuego político no ayuda, como se refleja en una reciente encuesta que señala que la confianza en la mayoría de las instituciones democráticas (Poder Ejecutivo, Congreso, Prensa) está a la baja: las Fuerzas Armadas son la excepción, y se encuentran con un nivel de aprobación entre 70 y 80 por ciento. De las demás, ninguna supara el 40 por ciento…

About the Author

José Carreño Figueras
Periodista. Corresponsal de El Universal y Notimex en Washington. Actualmente labora en El Heraldo de México.

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