10 de Diciembre de 2018

Estudiantes extranjeros en Canadá… ¿como en casa?

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NORTEAMERICA.- La buena fama que tiene Canadá por su calidad de vida, bajos niveles de violencia y alto nivel educativo motivó a Hilda Rojas, una chilena de 20 años, a estudiar en este país para sorpresa de sus padres con los que había vivido hasta que le entró la inquietud de estudiar inglés motivada por una amiga.

“Ella me habló maravillas del país y su experiencia fue de lo mejor. Claro: ella estuvo en Vancouver, una ciudad cosmopolita con un mejor clima además con paisajes espectaculares y una familia joven con hijos de su edad”, cuenta a Norteamérica.

Hilda, en cambio, no tuvo la misma suerte. O al menos no tal como la esperaba porque ella estaba más acostumbrada a convivir con su padres y tenía una vida social activa, en cambio, la familia que la recibió en “Homestay” no la trató con calidez; más bien, como si fuera un simple negocio para hacerse algo de dinero en la apuesta oficial canadiense para atraer más estudiantes extranjeros.

Canada cuenta con 700,000 estudiantes universitarios y 105,000 en College; de los cuales,  el 11% son extranjeros más los que cada año se le suman cada año porque varias provincias apuestan a revertir la baja en la matrícula de alumnos con foráneos.

Entre ellas, Columbia Británica, Nueva Escocia (donde las carreras en campos como la salud, empresas, ingeniería informática y ciencias oceánicas han visto sus salarios subsidiados) o la Isla del Príncipe Eduardo  (Prince Edward Island) que apuesta a estudiantes extranjeros para aumentar sus matrículas.

En Calgary aún no hay un programa concreto para incrementar las mátrículas, pero, como parte de la política nacional, tiene múltiples opciones de homestay que en promedio tienen precios hasta 40% menores que en una residencia estudiantil o en un apartamento además de la posibilidad de integrarse a un hogar local.

Los homestay pasan por estrictas regulaciones del gobierno local como chequeos criminales y acuerdos para supuestamente garantizar ambiente estable y familiar e involucrarlos en actividades familiares, pero, al final de cuentas, la calidad de la convivencia tiene tantas variantes como el carácter de las personas por lo que las agencias reclutadoras y familias de acogida empujan a regularlas mejor.

Moy Wong-Tam, directora ejecutiva del Centro de Servicios para Inmigrantes y Comunidades (CICS) en Toronto, dijo recientemente al diario local CBC que la industria no reglamentada deja a los estudiantes vulnerables a estafas y malos anfitriones.

“Es preocupante porque estamos viendo muchos agujeros legales”, dijo Wong-Tang, cuya agencia busca alojamiento a alrededor de 20,000 estudiantes anuales que pagan en 3,000 y 3,500 dólares mensuales por alojamiento, comida y custodia.

A Hilda le tocó una experiencia fría. “Pensaba que conviviría más con ellos y habría más comunicación pero no fue así”, cuenta. “En parte porque encontré un trabajo de medio tiempo además de los estudios, pero

La chilena Hilda Rojas, en el trabajo que tomó de medio tiempo_ Cortesía

La chilena Hilda Rojas, en el trabajo que tomó de medio tiempo_ Cortesía

 

también porque ellos no ponían de su parte y yo me sentía muy solitaria y triste”.

Por ello  no se sintió en un hogar, sino como un hotel: los alimentos eran la mayor parte del tiempo sándwich y comida rápida que tenía que comer sola mientras recordaba los días en  Chile, cuando todos se reunían en la mes apara comer algo caliente y platicar las anécdotas del día.

“Tenia mi cuarto pero era vacío, frío y muy pequeño, estaba en el sótano con una ventana muy pequeña”, recuerda. “Por eso me fui a vivir con una compañera de piso de manera independiente”.

Los Malabug que por 12 años ha recibido estudiantes extranjeros calcula que el problema para Hilda pudo ser que la agencia que opera para el sistema de Homestay no buscó a la familia adecuada. “Para nosotros es una experiencia muy enriquecedora: hemos recibido estudiantes desde hace 12 años y en muy pocas ocasiones los estudiantes desertan de vivir con nosotros aunque hemos tenido algunos que no se adaptan”, precisa Ida Malabug.

“Aquí disfrutamos mucho la experiencia de recibir gente de todo el mundo, siempre es interesante conocer costumbres de otros lugares y la mayoría son jóvenes muy educados y amables, les gusta enseñarnos cosas de su cultura, incluso a cocinar platillos tradicionales de su país”.

Otra hipótesis de la mala experiencia de Hilda en los Homestay es que sus anfitriones sólo hubieran querido ganar dinero y en lugar de dar atención personalizada al estudiante dejaron todo en manos de un reglamento muy estricto que impone la agencia de colocación que espera que el huésped cordial y amigable, dispuesto a adaptarte a nuevos hábitos y ofrecer ayuda.

También deja claro cómo se hará el uso de alimentos, teléfono e internet, energía y lavadora, higiene; comunicación acerca de presencia y ausencia del estudiante; invitación de amigos y familiares y código de conducta.

“Muchos estudiantes buscan también un poco de libertad cuando viajan y homestay está basado en reglas por lo cual se les hace más difícil adaptarse”, observa Malabug.

Por esta experiencia tanto huéspedes como inquilinos concluyen que si un estudiante o padres de familia opten por casa de familia quiere vivir en Canadá es importante distinguir lo que ofrecen las agencias: estar bien informado es siempre un buen comienzo.

“Yo caí en shock, sorprendida de lo que significan los homestays, mi amiga puede decir algo completamente distinto”.

 

CANADA PARA ESTUDIANTES

–       Entre los tres mejores para estudiar en el mundo, según un promedio de rankings, Canadá recibe alrededor de 700,000 alumnos por año.

–       El séptimo lugar de destinos para los mexicanos, detrás de Reino Unido, Estados Unidos, España, Alemania, Holanda y Francia, según el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

–       El número de provincias que se enfocan en estudiantes Internacionales ha crecido en los últimos años en Columbia Británica, Nueva Escocia (donde las carreras en campos como la salud, empresas, ingeniería informática y ciencias oceánicas han visto sus salarios subsidiados) o la Isla del Príncipe Eduardo  (Prince Edward Island) que apuesta a estudiantes extranjeros para aumentar sus matrículas.

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