10 de Diciembre de 2018

Elvira Arellano 12 años después de poner en jaque a EU

Elvira Arellano con su familia en ChicagoElvira Arellano con su familia en Chicago

NORTEAMÉRICA.- Para la activista mexicana Elvira Arellano su vida ha valido la pena: un intento fallido para cruzar la frontera México- Estados Unidos, atravesarla dos veces, refugiarse por un año en una iglesia metodista de Chicago para no ser deportada y empujar así el Movimiento Santuario latino ser deportada y hasta aguantar que la traten como criminal por trabajar en un país que no es el suyo.

Hoy Elvira, en compañía de su familia, cuenta con la extensión hasta 2021 para permanecer en lugar donde ha querido pertenecer mientras espera la decisión de una corte de inmigración sobre su petición de asilo.

La cofundadora de la organización “Familia Latina Unida por los derechos de las familias migrantes a permanecer juntas unidas”, está contenta de la extensión, sin embargo, reconoce que su papel como luchadora social le da cierta ventaja en comparación de la mayoría. “Ya sé lo que es una deportación. Cuando me deportaron a México, tuvimos que empezar de cero, luego, decidí regresar a EEUU y de nuevo, empecé de cero”.

Desde hace más de dos años, Elvira está con el padre de Emiliano, su hijo menor. Tras la deportación a México (2007), conoció a Ismael Armando Mejía, en Oaxaca, en el albergue del padre Alejandro Solalinde. No le fue fácil confiar en el hondureño, recuerda con una discreta carcajada. “Nos reímos porque él me inspiraba desconfianza. Sabe hablar inglés y sabe muy bien computación. Yo dije, ha de ser un espía”.

Al final se enamoraron y procrearon a Emiliano, se fueron juntos a Michoacán, pero se separaron en 2014 cuando ella decidió volver al país más poderoso del mundo. Mientras que Mejía se fue al albergue de Solalinde a ayudar a familias migrantes. Tras dos años cruzó a los EEUU, también con asilo.

Oriunda de San Miguel Curahuango, en Maravatío, Michoacán, el estado con mayor flujo migratorio, Elvira cuida en Chicago a una persona de la tercera edad por las mañanas y por la tarde lava trastes. Ambos trabajos le permiten sobrevivir: pagar la renta y los servicios de la casa que comparte con su pareja y su dos hijos. El tiempo que le queda, lo destina a la defensa de indocumentados.

Hablar por teléfono con Elvira minutos antes de que se fuera a su segundo trabajo, fue prácticamente un lujo.

Arellano, símbolo del movimiento Santuario en EEU que lucha por dar cobijo y asistencia legal a indocumentados, tiene también la esperanza en que el próximo gobierno de México, dé nuevas opciones laborales. Le gustaría verse de retorno a México porque hay oportunidades”.

Si dependiera de ella, desde el primer día que llegó a ese país (1997) a sus 23 años, se hubiera regresado. Constantemente se cuestiona: “¿qué estoy haciendo en este país que me tratan como criminal” y por ello reconoce que no ha habido un solo día en que no piense regresar a su tierra natal, pero le preocupa su seguridad y la de sus hijos.

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Algunos de los momentos emblemáticos de Arellano fue en 2016 cuando protagonizó una huelga de hambre de tres semanas contra la deportación y cuando la revista Time la incluyó entre “People Who Mattered” en su número de “Persona del año”.

Pero su principal orgullo es su hijo “Saulito”, ciudadano estadounidense que cumplirá 20 años en diciembre próximo, no sólo porque colabora en las actividades de la iglesia a la que pertenece: se graduó de la High School, votó por primera vez en su país y estudiará para abogado.

De abuelo y tíos braceros, Elvira de 43 años, creció en una familia “muy católica”, dio clases de catecismo pero llegando a EEUU se integró a la iglesia metodista Lincol, en donde fue aceptada con su fe. “Se trata de compartir el pan y el vino. Dios es el mismo”, dice.

Elvira Arellano en el US Inmigration Services. Crédito_ Cortesía

Elvira Arellano en el US Inmigration Services. Crédito_ Cortesía

Sin haber quebrantado sus creencias, dice que su delito fue haber trabajado para sacar adelante a su hijo, ello, al recordar el momento doloroso que vivió cuando la arrestaron en 2002. Le pusieron cargos federales por haber utilizado numero de seguridad social y la presentaron ante un juez, en una prisión federal. Situación de superó pero que inevitablemente, la marcó.

En medio de la caravana migrante, Arellano colabora activamente en la redes sociales y participa en su iglesia que recolecta víveres para llevar a México. Pide solidaridad con el movimiento. La violencia que se vive en nuestros países, dice “nos obligó a salir y a aguantar discriminaciones, humillaciones, xenofobia por el simple hecho de haber venido a un país que no es el nuestro”.

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