10 de Diciembre de 2018

Elecciones 2018: un mal empate para EU

Presidente Donald Trump delivers remarks at the Face-to-Face With Our Future eventPresidente Donald Trump delivers remarks at the Face-to-Face With Our Future event

NORTEAMÉRICA.- Los Estados Unidos confirmaron el martes seis el alcance y la profundidad de sus divisiones en unos comicios legislativos que pusieron fin a dos años de gobierno de un solo partido y parecieron abrir al menos otros dos de conflictos entre poderes.

Para el miércoles siete de noviembre, un desafiante presidente Donad Trump actuaba como si hubiera sido el ganador absoluto de las elecciones de medio término, que llevaron a los demócratas a conquistar 34 escaños en la cámara baja y tomar la mayoría por primera vez desde 2010.

Los demócratas lograron además siete nuevas gubernaturas y un mandato que formal, práctica y políticamente, incluye poner límites y hacer pesada la vida de un mandatario que en sus dos primeros años no tuvo más fronteras que el consejo de sus asesores y familiares.

Pero con la mayoría demócrata en la cámara baja, confirmada luego de semanas de especulación sobre el tamaño y alcances de la “marejada azul”, puede hablarse también del “rompeolas rojo”, formado por el propio Trump y el liderazgo senatorial republicano.

A partir de septiembre, Trump se adueñó literalmente de la campaña electoral republicana y la hizo un referendo sobre su gobierno y sus propuestas.

Para excitar la asistencia de sus votantes, Trump recurrió a temas probados durante su campaña electoral de 2016: migración economía, comercio. La caravana de migrantes centroamericanos que atraviesa México se convirtió en un ejército invasor que amenaza la seguridad nacional estadounidense, la economía es la más boyante de la historia, el renegociado Acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, aún con sus relativamente pequeños cambios, pasó a ser el mejor convenio de libre comercio jamás firmado.

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El simbólico envío de tropas a la frontera para detener la intrusión de peligrosos elementos que incurran niños, mujeres y ancianos; ideas como cancelar por decreto presidencial la 14 Enmienda Constitucional, que establece la ciudadanía a todos los niños nacidos en suelo estadounidense, provocaron rechazos mayoritarios y debates públicos y legales. Las limitaciones de la primera medida y la imposibilidad de la segunda no restaron sin embargo su atractivo para sectores nativistas.

Los resultados valieron la pena: los republicanos mantuvieron el control del senado y defendieron con éxito algunas gubernaturas importantes. Pero sobre todo, pusieron un gran obstáculo a cualesquier intención demócrata de someter a Trump y su gobierno a juicio constitucional, un sueño de la izquierda de ese partido.

Pero a cambio de eso probaron que los republicanos son un gigante con pies de barro demográfico y que el presidente Trump es todavía, parte por necesidad y en gran parte por opción personal, un mandatario de una parte del país.

De hecho, parecería obvio observar que donde el presidente es popular, ganaron los republicanos; donde es impopular, ganaron los demócratas.

Esto, dice Elaine Kamarck, de la Institución Brookings, es una señal de que “la raíz de la polarización en Estados Unidos hoy en día no son los políticos sino de hecho, nosotros, la gente… Seguimos siendo un país profundamente dividido”.
Dos países definidos por Trump.

Que el país pro-Trump y el país anti-Trump tienen límites definidos en rojo y azul resulta también evidente y que las fronteras rojas comienzan a ceder ante las presiones demográficas es algo cada vez más visible. Pero no todavía.

Las elecciones fueron eso, varias elecciones. El sistema electoral estadounidense es integrado por comisiones electorales estatales que a su vez tienen a comisiones municipales locales como componentes, y cada una de ellas tiene libertad para organizar los comicios dentro de sus zonas de jurisdicción.

Pero evidenciaron más que nunca las divergencias culturales, políticas, socio-económicas entre las diversas partes de los Estados Unidos. Y de hecho, fueron solo las peculiaridades del sistema lo que llevó a que los demócratas ganaran la mayoría de votos y la mayoría en la cámara baja pero sufrieran un descalabro en la de senadores.

Trump y los republicanos parecieron aceptar hace semanas que enfrentaban la derrota en la cámara baja y buscaron entonces fortalecer la posición en el senado. El que 26 de los 35 escaños senatoriales en juego -incluso dos libres por fallecimiento o renuncia- hayan sido demócratas favoreció una estrategia que entre otras cosas buscaba eliminar a senadores demócratas en estados mayoritariamente republicanos. El resultado casi seguro: el partido de Trump pasó de 51 senadores a 54 y la oposición bajó a 46.

Voters Across The Country Head To The Polls For The Midterm Elections

Voters Across The Country Head To The Polls For The Midterm Elections

Igual que en las elecciones de 2016, la mayoría de los votantes republicanos fueron hombres, blancos, de clase media o menos, mayores de 30 años, movilizados en gran medida por los ominosos augurios del presidente sobre el futuro del país en caso de una victoria de sus opositores.

113 millones de personas, el 49 por ciento del electorado estadounidense, participaron en unos comicios considerados como históricos: 58 por ciento de las mujeres votó demócrata, 40 por ciento republicano, según encuestas de salida divulgadas por la cadena de noticias CNN.

La firma de encuestas Latino Decisions aseguró a su vez que  el 76 por ciento de los votantes hispanos registrados habría votado demócrata. Sorpresivamente, estimó que el voto cubano-estadounidense se habría repartido por igual entre los dos partidos y roto convenciones previas.

El resultado, de  minorías sexuales, de género, étnicas y religiosas llegaron al Congreso.

Pero también es cierto que el resultado estuvo muy lejos de lo que deseaban los demócratas y que el repudio al presidente no se materializó. El control de Trump sobre su propio partido es más firme que nunca y su estrategia de consolidar su base funcionó en suficientes lugares por el tiempo necesario.

Lo que significa es nebuloso aun. Por un lado, se espera que la división mantenga y aún profundice la actual polarización política y el empantanamiento legislativo.

Los augurios sobre una oleada de investigaciones de las acciones de gobierno Trump por una cámara baja dominada por los demócratas pueden materializarse, pero su impacto real podría ser cuestionable de antemano. La idea de una impugnación del presidente está ahogada de antemano por la mayoría republicana en el senado.

Trump parece consciente y su primera medida después de las elecciones, despedir al Procurador General Jeff Sessions y poner a uno de sus leales como supervisor de la investigación del Fiscal Especial Robert Mueller sobre la presunta injerencia rusa en los comicios de 2016 es un abierto desafío y un anuncio de lo que viene.

About the Author

José Carreño Figueras
Periodista. Corresponsal de El Universal y Notimex en Washington. Actualmente labora en El Heraldo de México.

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