10 de Diciembre de 2018

El tatuaje “pocho” se pone de moda en México

Fotos, Luis Ortiz Luis Ortiz

NORTEAMERICA.- Al “estilo de la cárcel” tatúa Luis Ortiz López, repatriado en 2006, quien después de trabajar como agente telefónico bilingüe en un call center, se dedica desde casa a este oficio que se ha popularizado en México y más aún si son “pochos” por sus fuertes mensajes nacionalista y reivindicación de las raíces indígenas.

Con una máquina que él mismo inventó con pequeño motor y agujas unidas de manera ingeniosa, Luis reproduce frases, retratos, figuras y símbolos que originalmente se gestaron en los barrios estadounidenses tomados por mexicanos.

La historia de estos mexicoamericanos nacidos en EU -o criados allá desde muy pequeños, generalmente está asociada a la pertenencia a pandillas, consumo de drogas, o estancia en cárceles.

Luis reconoce que todavía de vez en cuando se fuma un “porro” para relajarse y recordar, como lo hacía entes de su repatriación; aunque esto no ésta no fue la causa de su regreso a México, sino una discusión doméstica con su esposa, que subió de tono, y lo llevó a pasar siete meses de detención en una cárcel de la ciudad de Kentucky.

En él aprendió a hacer tatuajes de todo tipo, pero los que abundaban eran casi siempre símbolos mexicanos. “Tatuar es una práctica común en la cárcel; es bien visto y requerido, además, conseguir los materiales es fácil”, dice.

El perfil de quienes lo buscaban para tatuarse era muy específico: pandilleros, a los que esperaba una deportación segura y querían demostrar que eran muy mexicanos como un el escudo o el nombre del país.

“Los valientes o quienes tenían un alto rango en pandillas se tatuaban la cara o los brazos, lo que es visible, pero la mayoría escogía la espalda, pecho o piernas para ocultarlos, porque si son vistos por la policía afuera corren riesgo de ser identificados y detenidos otra vez”

 Filo con dos miembros de su pandilla en el 2000


Filo con dos miembros de su pandilla en el 2000

Una vez en la Ciudad de México y pudo establecerse, Luis invitó a otros amigos a su departamento en el barrio Iztapalapa y empezó a pintarlos más por camaradería (las sesiones terminaban en fiestas) que por dinero. Primero le pedían cosas comunes, pero los terminaba convenciendo de hacerse algo más simbólico, que representara más el estar en México.

Esto incluye “catrinas” y las letras cursivas que se usan en EU para identificar la cultura mexicana del “gabacho”. Las calaveras son un doble símbolo, no sólo representan el Día de Muertos, sino la vida de las pandillas o la santificación de los barrios que tiene su tropicalización en Tepito o Iztapalapa.

Para la socióloga Diana Cortés, de la Universidad Nacional Autónoma de México, el crédito que tienen los tatuajes mexicoamericanos es su simbolismo. “Representan rudeza y pertenencia a un grupo, que a la vez es compañerismo y fidelidad. Tatuarse es como hacer un pacto; son hechos por ellos y para ellos. Es una manera de interiorizar sentimientos y vivencias, de hacerlos permanentes”

Así se corrió la voz y Luis empezó a ser buscado por más gente que no había sido deportada: los vecinos del barrio y otros jóvenes curiosos por la fama del significado de los tatuajes “pochos” o también influenciados por artistas y famosos.

Según la asociación civil New Comienzos, que ayuda a repatriados desempleados, los principales lugares donde éstos encuentran trabajo son los call centers, pero cuando deciden tener un negocio propio lo hacen como en barberías o como tatuadores.

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No obstante, a esta moda, el tatuaje en México aún es mal visto y aún hay empresas donde les niegan trabajo. “Filo”, expandillero de Los Ángeles, da cuenta de ello y de más: “constantemente la policía me considera sospechoso”, reconoce.

Debajo de su vestimenta “califa rapper” de lentes oscuros y un cortaviento en la cara, oculta un tatuaje del escudo nacional mexicano, y uno más de Quetzalcóatl, ambos hechos por un miembro de su pandilla, un atractivo para muchos jovencitos aquí.

Filo lo lamenta, pero también le causa orgullo. “Qué lástima que ahora los chamaquitos se tatúan cosas sin ningún sentido, y promuevan una cultura falsa, sin saber realmente lo que hay detrás de estas marcas”, suelta.

“Ser pocho es un orgullo; significa ser de aquí y de allá, no negar el origen, no olvidar lo que te recuerda la piel”.

EN CIFRAS

Cifras de la Unidad de Política Migratoria mexicana arrojan que hasta agosto de 2018 hay un total de 140 739 repatriados en México.

No existen cifras oficiales sobre cuántos mexicanos regresan a México con tatuajes, pero la opinión de los involucrados dice que la cifra ronda el 70%.

La palabra “pocho” se hizo popular en México en los años 30’s, con las masivas migraciones.

 

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