22 de Marzo de 2019

Editorial septiembre 2018

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¿Se encaminan Canadá, Estados Unidos y México hacia un acuerdo comercial que sustituya al Tratado Norteamericano de Libre Comercio?
Las señales en ese sentido parecen obvias, sobre todo luego del anuncio del 27 de agosto en Washington sobre “un acuerdo comercial Estados Unidos-México” y la apresurada, para no decir forzada, reincoporación de Canadá a las negociaciones.
El hecho real es que si bien el anuncio inicial llevó al presidente Trump a especular en torno a la incorporación de Canadá, la reacción inmediata fue de expresar contento por el nuevo acuerdo de principio pero urgir la presencia canadiense en él.

 

 

 


En todo caso, las cosas no son simples, ni tan fáciles como pareció implicar el acto protagonizado por el presidente Donald Trump en la Casa Blanca.
Si bien es cierto que hubo alzas en los mercados de valores y que algunos de sus partidarios buscaron destacar las demandas de mejorías salariales para trabajadores, especialmente en México, el contenido descrito en lo que se calificó como “acuerdo de principio” resultó poco satisfactorio para los defensores del libre comercio en Estados Unidos, intranquilizó a los canadienses, y no satisfizo a los mexicanos.
Peor aún algunos, como Wilbur Ross, el secretario estadounidense de Comercio, afirman que el eje de la idea está en propiciar el retorno de las manufacturas a su país.
Para nadie es un secreto que el presidente Trump ha hecho del superávit comercial mexicana uno de sus blancos favoritos, en la lucha contra un TLCAN al que ha calificado como uno de los peores tratados comerciales jamás firmados.
El anuncio en todo caso encontró un escepticismo generalizado, sobre todo ante la ausencia inicial de Canadá y los que muchos, dentro y fuera de los Estados Unidos y México consideraron como una urgente necesidad de mantener el trato como un convenio trilateral.
La situación produjo sentimientos y emociones encontradas. En la prensa canadiense hubo señalamientos sobre posibles traiciones y apuntes sobre un gobierno arrinconado; en Estados Unidos hubo lo mismo expresiones triunfalistas que consideraciones sobre la realidad de un acuerdo preliminar. En México, se buscó subrayar la supervivencia del acuerdo norteamericano.
La realidad es que los participantes tienen mucho que explicar y precisar a las poblaciones de los tres países: triunfo, fracaso, convenio, progreso, colaboración, retrocesos… ¿se trató solo de una treta electoral, como se sospecha que pueda ser, o de una verdadera transacción hacia un nuevo acuerdo?
O si como algunos sospechan, un simple cambio de nombre para proclamar victoria.

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