22 de Marzo de 2019

Editorial: La confianza quebrantada

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Los socios del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN) pueden haber llegado a tratos que lo renueven, pero al margen de lo satisfactorio o desagradables que sean hay un punto fuera de agenda que será difícil recuperen al menos en el corto plazo: confianza.

La renegociación del TLCAN, convocada hace poco mas de un año por el residente Donald Trump bajo la amenaza de abandonarlo, está al parecer en su etapa final y probablemente con dos acuerdos bilaterales englobados en un tratado trilateral.

Al cierre de esta edición se ignoraban muchos, demasiados detalles del acuerdo entre Estados Unidos y México y se esperaba simplemente la confirmación de la conclusión de negociaciones entre Estados Unidos y Canadá.

Para canadienses y mexicanos el proceso implicó prácticamente negociar bajo la amenaza estadounidense y la presión adicional de sus intereses nacionales.
Y eso incluyó no muy sutiles señalamientos sobre la posibilidad de negociar solos: a principios de año Canada estaba dispuesto a negociar sin México; para septiembre algunos canadienses se quejaban de que el acuerdo alcanzado por México los lanzaba bajo el tren.

Lo cierto es que la relación con Estados Unidos es de enorme importancia para los dos países, juntos o separados, y que las tácticas usadas por el gobierno Trump, aunque carentes de sutileza y elegancia, resultaron efectivas al menos en apariencia.

La negociación resultó notable también por el proceso de vilificación usado por el gobierno Trump en contra de sus socios y el efecto que tuvo sobre otros asociados en el mundo. 
Trump puede calificarlo como corrección de los “abusos” contra su pais, significados por la perdida de empleos industriales y déficits comerciales, que sin embargo ataron intereses y crearon obligaciones transformadas en alianzas.

Trump destrozó la noción. El triunfo de sus tácticas con sus dos vecinos y aliados pone sobre aviso a otros y ahora se refleja tanto en la creciente actividad económica internacional que busca evitar el paso por Estados Unidos como en el interés por el surgimiento de centros alternos de poder, como  la República Popular China.

Eso implica ciertamente una falta de confianza en los Estados Unidos, menos en su potencia que en su compromiso con el orden internacional que promovió e impuso los últimos 70 años.
El gobierno Trump hará bien en tratar de restablecer la confianza con sus vecinos, quizá menos por simpatía que por conveniencia y por las implicaciones que su arrogante desdén hacia las relaciones con otros países pueden tener para los Estados Unidos en el largo plazo.

Canadá y México harán bien por su parte en preocuparse mas por componer su relación y promover, preferiblemente juntos, la diversificación de su comercio y sus fuentes de inversión.
Pese a la simpatía mutua siempre fueron socios mas o menos incómodos en la relación con Estados Unidos.

La confianza es un bien intangible, pero tan importante como necesario. Los paises de la región deben preocuparse por restablecerla.

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