10 de Diciembre de 2018

Ecología pese a fronteras

Hay un acuerdo para administrar aguas transfronterizas, pero no cubre las corrientes subterráneas.Hay un acuerdo para administrar aguas transfronterizas, pero no cubre las corrientes subterráneas.

 

Ecología pese a fronteras
Hilda Hesselbach
The Nature Conservancy, México

México y Estados Unidos comparten fenómenos como el movimiento transfronterizo de personas y mercancías. La existencia de ecosistemas comunes que desconocen
límites geopolíticos e ignoran políticas proteccionistas está ausente de la agenda bilateral, aunque su aislamiento y separación por fronteras nacionales puede afectar la naturaleza y la vida de millones de personas.
Dos ejemplos relevantes en ese sentido son los ríos Bravo y Colorado. 
Con más de 2,000 kilómetros de longitud y una cuenca de unos 630,000 km 2 , el Colorado atraviesa siete estados de la Unión Americana hasta alcanzar los de Baja California y Sonora en México. En su trayectoria se asocia con ecosistemas que van de ambientes alpinos, bosques de pinos, sauces y álamos; pastizales; corredores riparios (vegetación ribereña), y dunas costeras a una de las zonas desérticas más extensas y ricas de Norteamérica.
El Río Bravo/Grande, con una cuenca de 455,000 km 2, abarca tres estados en EU y cinco estados mexicanos. Alberga  más de 350 Áreas Naturales Protegidas en los dos países, para conservar una de las regiones de mayor biodiversidad de América del Norte y recuperar ecosistemas amenazados.
Tras la firma del Tratado de Paz, Amistad y Límites México-Estados Unidos en 1848, el agua fue un tema de interés binacional y en 1889 se estableció la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA). En 1944 se logró la firma del Tratado sobre Distribución de Aguas Internacionales para los ríos Tijuana, Colorado y Bravo, que asigna derechos de agua a cada país sobre la base da la cooperación mutua y la utilización satisfactoria.
Existe el reconocimiento de que se necesitan más esfuerzos para garantizar la permanencia de estos ecosistemas altamente productivos y biodiversos, porque existen conexiones naturales indivisibles. En el caso del Colorado, en los límites entre Baja California y Sonora el río se abre y forma una extensa planicie de inundación:  los humedales del Delta del Río Colorado, que cubren más de 100 mil hectáreas fueron protegidos en parte con la creación de la Reserva del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, para conservar una vasta riqueza natural y  procesos como el desove y crianza de especies de importancia comercial, así como flora, aves migratorias y especies emblemáticas como la totoaba, pez marino endémico del norte del Golfo de California y la vaquita marina, el cetáceo en mayor peligro de extinción. 
Pero la construcción de presas como la Hoover y Glenn Canyon, y las derivaciones de sus afluentes, han reducido el flujo de agua, con un impacto negativo.
Existen cruces fronterizos entre el Parque Nacional Big Bend de Texas y las Áreas Naturales Protegidas de Ocampo y Maderas del Carmen en Coahuila, donde guardaparques de los
dos países se unen para prevenir y combatir incendios forestales y erradicar especies invasoras en la ribera del río Bravo. 


Hay otros esfuerzos importantes, a través de la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte (CCA), para preservar más de 1.3 millones de hectáreas en la región natural Big Bend-Río Bravo en el Desierto Chihuahuense, donde se han establecido once áreas protegidas en Texas, Coahuila y Chihuahua, una de las regiones de mayor diversidad y especies endémicas de los ecosistemas áridos y semiáridos del mundo.
Las corrientes subterráneas son una fuente insustituible de agua en los dos países. No existen tratados para administrarlas pero se han dado pasos importantes, como el estudio binacional sobre el acuífero de San Pedro. Esa evaluación puede ser un primer paso hacia definiciones claras y beneficiosas para otros nueve sistemas compartidos de agua subterránea.
En el Colorado existen ejemplos alentadores que vale la pena replicar y reinventar. Como parte del Tratado de Aguas, se han firmado actas binacionales como la llamada Minuta 323, que
amplía la cooperación transfronteriza en temas como el destino de aguas para la conservación del delta del río y la planeación de recortes voluntarios para prevenir escasez y sequías, que
subraya el reconocimiento de la interdependencia y la necesidad de acciones conjuntas para
conservar la naturaleza y el bienestar de las personas.
Estos acuerdos también han resultado del esfuerzo de organizaciones como The
Nature Conservancy (TNC), organización global dedicada a la conservación de tierras y aguas de las que depende la vida. En coalición con National Audubon Society, Pronatura Noroeste, Restauremos El Colorado, el Sonoran Institute y el Redford Center, y guiada por la ciencia, TNC ha participado en un proyecto para identificar prioridades de conservación y restauración del delta del río Colorado con visión binacional, mediante la recuperación de su dinámica fluvial para fortalecer la integridad de sistemas ecológicos funcionales, incluso zonas de estuarios y corredores riparios.
El fundamento de colaboración que alentó los tratados en materia de aguas binacionales y que hoy anima a organizaciones locales e internacionales de conservación y propietarios de tierras, debería ser ampliado y no desvanecerse detrás de un muro fronterizo, justo cuando la idea de los bienes públicos derivados de la naturaleza adquiere dimensiones supranacionales.

 

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