21 de Noviembre de 2018

Arizona, los excluidos del sistema educativo

Las escuelas en Arizona buscan demostrar inclusión.Las escuelas en Arizona buscan demostrar inclusión. Crédito: Cartwright Popular Anual Report.

ARIZONA.- He oído una infinidad de historias sobre cómo el sistema educativo en los Estados Unidos discrimina y deja en el camino de la educación a una gran cantidad de niños y jóvenes migrantes por un sistema amañado de origen, que les impide seguir adelante con sus estudios mediante la ubicación de una gran mayoría de ellos en escuelas o programas especiales como los programas de inglés, como segunda lengua en la educación básica e intermedia, lo que naturalmente los pone en desventaja con los alumnos de origen anglosajón.

Nunca he podido constatar esto, dado que no soy especialista en el tema y porque en ocasiones damos por hecho cosas por simple repetición (mantras), de un esquema de explotación y exclusión muy característico de la primera y segunda generación de las minorías migrantes en los Estados Unidos.

No había investigado al respecto y cuando escuchaba historias similares, lo daba por sentado o bien, entendía la dinámica de la polarización entre los que acusan a las minorías de su bajo desempeño académico y éstas que se quejan permanente de la desventaja que tienen con respecto a las oportunidades de acceder a mejor educación, ya sea por el distrito o suburbio en el que viven, que se resume en el pago de más impuestos a cambio de una mejor educación en su distrito.

Esto suena lógico. El que paga más impuestos accede a los mejores servicios, lo que regularmente no pasa en las comunidades de migrantes o minorías que regularmente viven en zonas periféricas que no se caracterizan, digámoslo así, por los mejores servicios, incluyendo la educación, pasando por la seguridad y otros menesteres.

Además de esto, recientemente se ha activado el debate de la llamada discriminación positiva de la minorías, especialmente por parte de los asiáticos, que no están de acuerdo con este sistema que les asegura una cuota a su grupo en las universidades dentro de los Estados Unidos.

Como lo comenté en líneas arriba, estas historias las he oído desde el año de 2003, cuando llegué a vivir a Chicago. Ni como reportero del diario la Raza de Chicago o corresponsal del diario Milenio Hidalgo traté el tema. Simplemente no sabía por dónde comenzar en un tema tan complejo y delicado.

Sin embargo, recientemente en una entrevista para mi investigación postdoctoral, sobre líderes migrantes en el Suroeste de los Estados Unidos, del Centro de Estudios México-Americanos de la Universidad de Arizona, encontré accidentalmente a Elena Parra, una doctora en psicología que ha trabajado en las escuelas públicas de Arizona y California, y quien además de haber hecho un estupendo trabajo en defensa de los derechos educativos de la comunidad de mexicanos en el sur de Estados Unidos, ha investigado sobre el tema.

Elena Parra, a través de su largo trabajo de investigación en el tema, demuestra mediante instrumentos de medición de inteligencia (IQ) que por lo menos en las escuelas públicas en Arizona, existe una predeterminación para excluir a niños y jóvenes en su mayoría migrantes, del sistema escolar “normal”, pues en su mayoría, son enviados a escuelas especiales, lo que los condena a una vida con menores herramientas educativas, con respecto a los que sí acceden a la educación normal.

Así, se elimina competencia en el acceso al conocimiento y garantizan de paso, una mano de obra barata en servicios y en las actividades económicas, que ya no son atractivas para otras minorías migrantes (afroamericanos), asiáticos o los propios anglosajones.

Elena recuerda con tristeza, pero a la vez alegría, distintos casos donde tuvo que enfrentarse a las autoridades para rescatar de la educación especial a la normal a muchos jóvenes y niños migrantes. La mayoría de ellos ahora son profesionistas.

Su cara se llena de luz cuando nos comparte sus triunfos en pequeñas batallas por la igualdad de oportunidades de todos los niños en Arizona. “Me ha costado tanto, pero no hay más gratificación ver que por lo menos a los niños que rescaté de las escuelas especiales, ahora son mejores personas y ciudadanos.

Otra historia tendría nuestra comunidad si el piso educativo estuviera parejo. Mientras tanto, seguiremos empujando un cambio en las escuelas públicas de Arizona, mismo que se ve lejano dado que cada vez menos personas defienden estas causas”.

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