22 de Marzo de 2019

AMLO, ni infierno ni paraíso

Andrés Manuel López Obrador en Jojutla, Morelos. Crédito: Fotos Andrés Manuel López Obrador Andres Manuel Lopez Obrador en Jojutla, Morelos. Crédito: Fotos Andrés Manuel López Obrador

NORTEAMÉRICA.- Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia de México el primero de diciembre y el país sigue sin ser el infierno tan temido o el paraíso prometido.

A cambio, el nuevo régimen debió comenzar a lidiar con problemas autoinfligidos, como en el caso de la desconfianza creada por la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y algunas propuestas del ala izquierda del Movimiento de regeneración Nacional (Morena), la coalición que lo llevó al gobierno, y las dudas creadas por su renuencia a ir adelante con la venta de derechos de petroleros.

Pero tuvo un resultado positivo por su manejo de la crisis de migrantes centroamericanos en la frontera con Estados Unidos, una cuestión menor pero representativa de muchos otros problemas socio-económicos y de gobernanza, exagerado por la batalla político-electoral estadounidense.

López Obrador inició su gobierno con una serie de medidas y señalamientos que efectivamente subrayan su poder como presidente de México y como líder indiscutido de Morena, la coalición creada a su alrededor.

ENFRENTAR DESCONFIANZA 

De hecho días antes de su asunción envió a Julio Scherer, su consejero legal y uno de sus más cercanos amigos, a reunirse con los líderes de Morena en la Cámara alta, Ricardo Monreal, y la cámara de diputados, Mario Delgado, para pedirles que detuvieran la presentación de iniciativas que crearon malestar entre inversionistas extranjeros, como una propuesta para eliminar comisiones bancarias y otra que limitaría las concesiones mineras.

Combinadas con el bien conocido desagrado de López Obrador por la privatización de la industria energética, y una actitud de espera en los mercados.

LEE TAMBIÉN: Trump y AMLO: una relación ¿complicada?

“Esta preferencia por la gente sobre las elites, por el sentimiento popular sobre la aprobación de los inversionistas y la bendición del sector privado, sienta un precedente para la visión de gobierno del nuevo presidente”, escribió Duncan Wood, director del Instituto de México en el influyente Wilson Center, de Washington.

Para Wood, como para otros analistas estadounidenses, el “poder hegemónico” de AMLO implicará el dominio de su partido, la primacía de la oficina del presidente y en alguna. medida, una conexión personal con el pueblo mexicano que ha mantenido con éxito ya por varios años.

El problema, y parte de las dudas, están en que alcance pueda tener ese enfoque como forma de gobierno.

“Popular en el corto plazo, la evidencia inicial es que, en última instancia, puede debilitar la efectividad y la legitimidad de la administración”, señaló el propio Wood.

INVERSIONISTAS PREOCUPADOS 

De acuerdo con varias fuentes el problema es que hay preocupación entre inversores y aun salida de dinero de México, para buscar refugio en lugares como Brasil. Según el Wilson Center, la inversión extranjera directa en México se redujo un 74 por ciento en el tercer trimestre de 2018 y los inversionistas nacionales se están frenando la espera de acciones de la nueva administración después de diciembre. El mercado bursátil mexicano cayó a mínimos sin precedentes en cuatro años y el peso llegó a tocar 21 por dólar, aunque la situación parece haberse calmado.

La reacción de AMLO y su gobierno fue mixta, como pudo verse durante su toma de posesión, pero también fue evidente la preocupación por brindar una mayor sensación de certidumbre.

UNA RELACIÓN CUIDADOSA 

En ese marco, la cuidadosa manera en que se manejó, al menos los primeros días, la relación con Estados Unidos y el respetuoso trato del presidente Donald Trump hacia el nuevo mandatario contribuyó a calmar ánimos, aunque no del todo: siguen las dudas sobre el financiamiento de los masivos programas sociales y de desarrollo que planteó López Obrador.

Pero al menos una parte de ellos, los referentes a inversión en programas turísticos y de desarrollo en el sureste de México, con incidencia hacia los países del triángulo norte de Centroamérica, no cayeron en oídos sordos.

De hecho, aunque haya parecido una formalidad, el Secretario de Estado, Mike Pompeo, señaló el sábado primero de diciembre que “vamos a trabajar para ayudar a construir la economía mexicana en la parte sur de su país, y trabajar con los países del Triángulo del Norte también. Esos son elementos importantes de lo que estamos tratando de lograr”.

Pompeo se reunió horas después con el nuevo secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, entre versiones de un nuevo programa basado en un acuerdo migratorio firmado por México y Guatemala, Honduras y El Salvador.

Hay detalles por conocerse, pero el gobierno mexicano rechaza la idea de que se trate de un acuerdo en el que su territorio sea usado como personas de otros países (específicamente centroamericanas) que pidan asilo en la frontera sur de Estados Unidos, serían sistemáticamente rechazadas y obligadas a pedir refugio en México.

De acuerdo con Dolores París Pombo, investigadora del Colegio de la Frontera Norte, el llamado Plan “Quédate en México” significaría que “las personas de terceros países que lleguen a la frontera sur de Estados Unidos a pedir asilo, tendrán que esperar primero en México a ser recibidas por las autoridades estadounidenses para pasar una entrevista de temores fundados. Después de dicha entrevista, serían devueltas a México y tendrían que esperar ahí a que sus casos fueran tramitados en las cortes estadounidenses (es decir entre dos y 5 años)”.

Existe ciertamente la posibilidad de que, como afirma el presidente López Obrador, haya colaboración económica tanto de los Estados Unidos como de Canadá y los países europeos para programas como la construcción del tren maya o un ferrocarril trans-ístmico que tendrían incidencia en los países del llamado triángulo norte.

De hecho, y apoyados en afirmaciones del propio López Obrador, algunos creen que esos trenes serían una primer barrera a la migración, tanto de mexicanos originarios del sureste del país como de centroamericanos, que encontrarían trabajo en su jornada hacia el norte.

Pero un programa de ese tipo no podría tener éxito sin atender las causas de raíz de la migración centroamericana: pobreza y violencia. Y quien sabe si México y Estados Unidos estarían dispuestos a asumir ese compromiso.

About the Author

José Carreño Figueras
Periodista. Corresponsal de El Universal y Notimex en Washington. Actualmente labora en El Heraldo de México.

Be the first to comment on "AMLO, ni infierno ni paraíso"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*