20 de Abril de 2019

AMLO: los primeros cien días

AMLO, en gira de 3 días por Nayarit. Crédito foto: cuenta oficial de TWAMLO, en gira de 3 días por Nayarit. Crédito foto: cuenta oficial de TW

NORTEAMÉRICA.- Andres Manuel López Obrador cumplió sus primeros cien días como presidente de México y por su propia contabilidad ha sido moderadamente exitoso.


Obrador afirmó el lunes 11 de marzo que había cumplido o iniciado el cumplimiento de 62 de los cien puntos ofrecidos durante su discurso de toma de posesión, el primero de diciembre de 2018.


Algunos, como la austeridad gubernamental y temas relacionados, eran promesas de campaña; otros, son y eran temas obvios: mantener estabilidad económica representada sobre todo en el tipo de cambio respecto al dólar; reducir la inseguridad; sostener una buena relación con los Estados Unidos; iniciar programas de beneficencia popular.


Otros no lo fueron. El combate al llamado “huachicol” -el robo de combustible directamente de los ductos- ocupó la atención del nuevo gobierno sobre todo porque una explosión que causó 135 muertes en el municipio de Tlahuelilpan (estado de Hidalgo) coincidió en enero con una baja en el suministro de gasolina.

La situación combinó la declarada intención de reducir la dependencia mexicana de la importación de combustibles y la necesidad de enfrentar una actividad ilegal que desviaba -según AMLO- hasta 81 mil litros diarios de gasolina, reducidos ahora a 15 mil.


¿Militares? Si, pero no… bueno tal vez


La aprobación de la Guardia Nacional como parte de un proyecto mayor para enfrentar la violencia en el país, con un cambio de política basado mas en métodos de prevención, fue polémico también: Lopez Obrador ofreció inicialmente que no habría componente miluatruzado pero al final aceptó mandos “civiles” integrados por militares retirados.

Esto, a su vez, no ayudó a su relación con grupos de derechos humanos.
Con indices de aprobación de hasta 78 por ciento parecería correcto y mas, incluso modesto, el reconocer que no se ha logrado todo.


Pero la verdad es que a ojos de muchos analistas, a cien días de gobierno sus promesas siguen basadas en gobernar con honestidad y combatir la corrupción, propósitos tan loables como insuficientes para disipar las sensaciones de incertidumbre que cada vez mas aparecen en las conversaciones de inversionistas, empresas y especialistas en economía.


Ciertamente López Obrador tiene mucho de que presumir. De entrada, cambió el paradigma de comunicación entre gobierno y gobernados en México; destruyó los esquemas de relaciones hacia dentro del gobierno y creo varios enormes programas de beneficencia pública.


El estilo personal…


Pero no faltan advertencias sobre las implicaciones, reales o imaginarias, del estilo personal del mandatario: su estilo de comunicación, en una conferencia de prensa diaria que sirve como recuento de hechos, anuncio de intenciones y promesas o propuestas que se convierten en programas de gobierno, a veces sorprenden a sus propios colaboradores y provocan suspicacias de retorno al presidencialismo omnipotente, omnímodo y autoritario de mediados del siglo XX.


No es una crítica nueva. Muchos quieren ver en sus programas de ayuda social un abierto trabajo de clientelismo: algunos de los encargados de esos programas los presentan como concesión del mandatario, no como una cuestión de gobierno.


Lo cierto es que a pesar del mito, cien días apenas alcanzan para plantear los proyectos de gobierno y que los funcionarios nuevos comienzan a darse una idea de donde están parados -o sentados-.

 
Grandes expectativas…


Por lo pronto, la realidad es que López Obrador ha creado grandes expectativas y que varias o muchas de sus primeras medidas parecen encaminadas a cumplirlas; en algunos casos, hay hechos palpables y en otros el anuncio.


Pero hay también errores -no reconocidos por cierto- determinados quizá por ansias de cambiar a la mayor velocidad posible y ciertamente por cuestiones de política doméstica.


La decisión de terminar con la construcción del Nuevo aeropuerto Internacional de Ciudad de Méxio (NAICM) en diciembre pasado es todavía motivo de polémica política y señal de cautela para inversionistas, nacionales o extranjeros, que no fueron confortados por la realización de una “consulta popular” con resultado predecible, ni por una famosa presentación de PEMEX ante inversiones internacionales que llevó a una baja de confianza por las empresas calificadoras de riesgo.


La reacción de AMLO, de confrontar a las calificadoras como Fitch, Moody’s o Standard and Poors, no ayudó ciertamente a mejorar el clima para sus propuestas, aunque tampoco a enfriar el interés de inversores internacionales por las condiciones que ofrece México.

About the Author

José Carreño Figueras
Periodista. Corresponsal de El Universal y Notimex en Washington. Actualmente labora en El Heraldo de México.

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